Nueva entrevista que estrenamos en el blog de Secmotic. Hoy hablamos con Ana Torralba sobre Movilidad Sostenible. Esta madrileña es consultora y mentora enfocada en inspirar soluciones que permitan crear un mundo más sostenible y justo.

¿Te quedas a descubrir a Ana Torralba?

¿Quién es Ana?

Madrileña, madre de 3 niños y apasionada de la educación (que transforma), el deporte (que nos activa), la naturaleza (que nos conecta) y los retos (que nos motivan), Ana estudió ingeniería civil en la Universidad Politécnica de Madrid. Durante más de 13 años ha desarrollado su carrera profesional en la empresa privada con proyectos intersectoriales relacionados con la movilidad sostenible (PMUS), las ciudades inteligentes y la innovación. 

Pero su curiosidad por conectar la ingeniería con sostenibilidad y la educación la llevaron a pivotar en su carrera en 2018. Fue entonces cuando entró en el programa de emprendimiento Pioneers into Practice del instituto de innovación EIT Climate-Kic. Allí descubrió el potencial de la innovación sistémica y la colaboración para acelerar la transición de las ciudades hacia la sostenibilidad.

Desde entonces Ana trabaja como consultora y mentora para catalizar este cambio sistémico e inspirar soluciones para un futuro más sostenible y justo para sus hijos.

¿Qué se entiende por movilidad sostenible y cuáles son los objetivos a conseguir?

La movilidad es un sistema complejo y gran parte de esa complejidad reside en la diversidad de los actores implicados. Cada uno de ellos tiene además unos intereses particulares y por tanto, una opinión distinta sobre qué es la movilidad sostenible y cómo alcanzarla.

Esa falta de empatía, esta “visión túnel” que comento, lleva a las administraciones, a las empresas y a los ciudadanos a tomar decisiones que no tienen en cuenta el impacto sobre los demás. Lo que resulta en una movilidad insostenible, frágil e ineficiente… como la que tenemos ahora.

Recientemente estuve participando en el PMUS de Molina Segura (un plan de movilidad urbana sostenible) desarrollando la estrategia sistémica y el programa de mejora de la movilidad peatonal.

Personalmente como urbanista, ciudadana y madre defiendo que la movilidad sostenible sea universal, inclusiva, segura y energéticamente eficiente, es decir, aquella que nos permite desplazarnos generando el mínimo impacto posible en el entorno. Y esto es lo que defendemos y buscamos la mayoría. Pero estos objetivos a veces “chocan” con nuestras necesidades como usuarios (obligadas o elegidas) de movernos de forma rápida y cómoda. Y ya sabemos quién gana cuando esto pasa.

¿Podrías ofrecer un diagnóstico general sobre la movilidad en las grandes ciudades españolas?

Pues la verdad que no (risas). Y te explico por qué: Cada municipio, cada ciudad, cada comunidad es distinta; y por tanto lo son las pautas y las soluciones de desplazamiento que necesitan sus habitantes.

Por poner un ejemplo, Alcobendas (en Madrid) es un gran atractor de movilidad durante las “horas punta” del día debido al gran polígono empresarial ubicado dentro de su término municipal. Y la mayoría de los desplazamientos que se realizan son en coche privado… a pesar de las opciones de movilidad sostenible ofrecidas desde la oficina de movilidad del propio polígono, así como de las medidas estratégicas incluidas en el nuevo Plan Integral de Movilidad del ayuntamiento. El diagnóstico entonces es contradictorio: las soluciones, las medicinas las tenemos pero no funcionan porque no atacan los síntomas que llevan a una movilidad desordenada e insostenible.

Las soluciones, las medicinas las tenemos pero no funcionan porque no atacan los síntomas que llevan a una movilidad desordenada e insostenible.

En general seguimos abusando del coche en casi todas las ciudades, incluso las medianas y pequeñas, porque su uso algo cultural y ligado a sentimientos (de confort, de propiedad) son difíciles de superar. Pero también hay que destacar que se está trabajando mucho y muy bien desde el urbanismo táctico y ecosistémico, la economía colaborativa y la innovación lo que está resultando en que cada vez haya más soluciones exitosas que adopta la “calle”, el ciudadano. Como me contestó una vez un colega durante un debate sobre innovación y movilidad sostenible “puede haber muchas soluciones, pero si no se usan, si no te las “compran”,  no son soluciones; son opciones”.

Rutas escolares inteligentes‘ es un proyecto llevado a cabo en Torrent (Valencia), cuya solución presentada es el seguimiento de rutas de niños y niñas que andan desde sus casas hasta el colegio, para obtener patrones de movilidad de vehículos y personas.

Otro ejemplo es la comunidad FIWARE (basada en el Internet del Futuro) la cual ha creado la plataforma Fighting climate change with FIWARE, mediante la que se están realizando acciones con impacto positivo directo en el cambio climático.

¿Cuáles son los cambios más urgentes a llevar a cabo?

El cambio de mentalidad, porque cambiaría la cultura de movilidad y por tanto nuestra vida en las ciudades. Pero también es el más complicado. Y lento. Por todo lo que conlleva: empatía, educación (desde la infancia), generosidad (la cultura del “compartir) y sobre todo mucha imaginación y colaboración para crear esa visión del futuro de la movilidad en las ciudades entre todos. Y trabajar por ese futuro, siendo valientes con las acciones que necesitamos acometer.

¿Una estrategia inteligente de movilidad sostenible pasaría por el papel que juega el IoT?

Sin lugar a dudas. No se puede gestionar eficientemente sin datos. El IoT es un medio para un fin claro: que los gestores y los ciudadanos podamos tomar decisiones basadas en unas medidas que han sido diseñadas con conocimiento de causa, o sea, con datos de lo que está pasando en la calle. Una estrategia inteligente de movilidad ha de ir más allá de lo evidente. Ha de ser -y perdona que abuse de la palabra-sistémica para tener en cuenta todos los factores que le afectan.

Ya existen proyectos de innovación abierta que buscan generar cambios con resultados sostenibles. Un ejemplo de ello es el proyecto El Futuro de la Movilidad.

¿Habría que poner el foco en las empresas y ciudadanos o en los gobiernos a la hora de generar unos marcos globales de actuación?

El foco hay que ponerlo en todo a la vez: empresas, ciudadanos y gobiernos. Si colaboramos, si logramos entender que lo que hace uno afecta a los demás, entonces tenemos una base desde la que empezar a construir una estrategia solvente. De lo contrario, lo que se propone (a las empresas, a los ciudadanos) desde “arriba” no se entiende ni se acepta; por lo que el resultado termina siendo muy distinto al esperado por los que diseñan y ejecutan esas mismas medidas. Es lo que pasó con Madrid Central, o lo que sigue pasando con muchas estrategias de movilidad que se implementan, sin éxito.

Desde tu experiencia, ¿nos puedes dar alguna pista sobre las tendencias que se impondrán a medio y largo plazo?

Los ciudadanos queremos vivir en ciudades saludables. No conozco a nadie que no quiera poder ir caminando al trabajo o que sus hijos puedan ir en bici o caminando de forma segura y autónoma al colegio. Si algo nos ha enseñado la pandemia es que hay otra forma de hacer las cosas. La necesidad agudiza los sentidos.

De repente encuentras la manera de “sobrevivir” sin coger el coche todos los días y de colaborar y juntarte con tus vecinos para hacer una compra colectiva de fruta; te ves dejando de comprar muchas cosas antes necesarias…. Existen muchas necesidades “creadas” que implican moverse de forma insostenible y que esta crisis ha conseguido destapar.

Es verdad que hay una cara amarga que es el aumento de la brecha social. Pero de nuevo, veo en el horizonte el cambio sistémico que va a acelerar la transición hacia la economía colaborativa y la innovación abierta, y que va a resultar en ciudades en las que poder vivir y movernos de forma más sostenible y saludable.